El remedio para los despidos: cesen al jefe
En 2004 hicimos un documental llamado La Toma (thetake.org), acerca de las empresas manejadas por los trabajadores. Después del dramático colapso económico del país en 2001, miles de trabajadores se metieron a sus fábricas cerradas y las pusieron a producir de nuevo y formaron cooperativas. Abandonados por los jefes y los políticos, ellos mismos recobraron los salarios caídos y las indemnizaciones, a la vez que recuperaron sus puestos de trabajo. Mientras estábamos de gira con la película, por Europa y América del Norte, había una pregunta que surgía una y otra vez:
Eso está muy bien para Argentina, pero ¿alguna vez podría pasar aquí?[ Máis ]
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Rúkleman Soto
Homenaje a Rafael Conte
Miguel Ángel Gozalo
Al tiempo que una multitud superior a todos los habitantes de Soria se daba cita en el Estadio Bernabéu para aclamar a un joven brasileño llamado Kaká, un puñado de amigos y admiradores se reunía en la Asociación de la Prensa de Madrid para recordar al crítico literario Rafael Conte, muerto en mayo. La literatura existe.
Rafael Conte, un navarro nacido en Zaragoza, estudio Derecho y fue un lector voraz e independiente. Fumador de puros, crítico descubridor de talentos y hombre de redacciones diversas —pasó por Acento cultural, la revista SP, del gran Rodrigo Royo, Informaciones, El País y ABC—, fue corresponsal en París, ensayista y, sobre todo, eso que se conoce como hombre de letras. Hasta le propusieron para la Academia. Su influencia como crítico fue definitiva. “Cambio nuestra manera de leer”, dijo Guillermo Altares en el homenaje, en el que intervinieron también Delia Blanco, Ángel S. Harguindey, Constantino Bértolo, Antonio Martínez Carrión y la viuda de Rafael, Jacqueline, acompañada por su hijo David y leyó un texto, lleno de amistad, de Luís de Pablo.
Conte se ha ido de entre nosotros sin hacer demasiado ruido (el ruido, para los estadios de fútbol), como se marcha ahora, en medio de este barullo en que quedamos los vivos, la gente importante. Pero nos deja el recuerdo de un tiempo el que el ejerció de pontífice de la literatura. Pensaba en ello mientras en las pantallas del salón de la APM aparecían fotos de Rafael, llevándose la mano a la gafa, gesto suyo muy característico, en compañía de Ayala, Álvaro Pombo, Vázquez Montalbán, Cortázar y otros escritores que él nos enseñó a querer, mientras nos lanzaba su mirada escéptica, siempre acogedora.
