Drogadictos, nazis y condena de Martin Luther King

martes 14 xullo 2009


Nation Books/Alternet

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
LA FÁBRICA DE LA FELICIDAD

“El lado Coca-Cola de la vida”

“Dentro de la fábrica de la felicidad,” ‘documental de The Coca-Cola Company

La mañana es jovialmente fría, un hermoso día sureño de invierno en Atlante; el sol no influye en nada en la temperatura pero brilla en el claro cielo azul. Unos pocos policías rondan por Pemberton Park en el centro de la ciudad, con sus chaquetas con cremallera cerrada y con gorros con orejeras que cuelgan por los lados de sus cabezas, reduciéndolos amablemente de representantes de la autoridad a parodias de Elmer Gruñón. Toman café, sonríen y saludan cuando paso. Es la entrada al Mundo de Coca-Cola y en algún sitio hay discretos altavoces tocando el más memorable jingle publicitario de Coke: “Quisiera comprar una Coke al mundo.” Lo que podría explicar las orejeras…

[ Máis ]

El enemigo de la prensa

martes 14 xullo 2009


Espresso

Traducido para Rebelión por Liliana Piastra
El jefe del gobierno quiere amordazar la información. Y en nuestra sociedad enferma parece que la mayoría de los italianos también está dispuesta a aceptar esta infracción. Pero el famoso intelectual dice: 'Yo no estoy de acuerdo'.
 
 
No sé si será el pesimismo de la edad avanzada, si será la lucidez que trae consigo la edad, pero tengo mis dudas, no exentas de escepticismo, en cuanto a intervenir, a instancias de la redacción, en defensa de la libertad de prensa. Lo que quiero decir es que, cuando alguien tiene que intervenir en defensa de la libertad de prensa, es porque la sociedad, y con ella una gran parte de la prensa, ya está enferma. En las democracias que llamaremos ‘fuertes' no es necesario defender la libertad de prensa, porque a nadie se le ocurre limitarla.

Esa es la primera razón de mi escepticismo, de la que se deriva todo un corolario. El problema italiano no es Silvio Berlusconi. La historia (yo diría que desde Catilina en adelante) está plagada de aventureros, no carentes de carisma, con muy poco sentido del Estado pero con un sentido muy acusado de sus propios intereses, que han deseado instaurar un poder personal, pasando por encima de parlamentos, magistraturas y constituciones, repartiendo favores a sus cortesanos y (a veces) a sus cortesanas e identificando su propio placer con el interés de la comunidad. Lo que pasa es que esos hombres no siempre han conquistado el poder al que aspiraban, porque la sociedad no se lo ha permitido. Cuando la sociedad se lo ha permitido, ¿por qué tomárselo a mal con esos hombres y no con la sociedad que les ha dejado hacer lo que han querido?

Siempre recordaré una historia que contaba mi madre que, a sus veinte años, había conseguido un buen trabajo como secretaria y mecanógrafa de un diputado liberal – y he dicho liberal. Al día siguiente de que Mussolini subiera al poder el diputado en cuestión dijo: "Pero en el fondo, con la situación en la que se encontraba Italia, a lo mejor ese Hombre sabe cómo poner un poco de orden". Pues bien, si se instauró el fascismo no fue gracias a la personalidad enérgica de Mussolini (oportunidad y pretexto), sino a la indulgencia y a la relajación de aquel diputado liberal (representante ejemplar de un país en crisis).

Por consiguiente, es inútil tomársela con Berlusconi que, digámoslo así, hace su oficio. La que ha aceptado el conflicto de intereses, la que acepta las rondas, la que acepta el laudo Alfano, y la que ahora habría aceptado sin demasiadas cuitas - si el presidente de la República no hubiese levantado una ceja - la mordaza que se le ha puesto a la prensa (por ahora de forma experimental) es la mayoría de los italianos. Si una cauta censura de la Iglesia no estuviera turbando en estos momentos la conciencia pública, esa misma nación aceptaría sin vacilar, e incluso con una cierta complicidad maliciosa, que Berlusconi se fuera de ‘velinas’– pero eso pronto estará superado, porque los italianos, y en general los buenos cristianos, se han ido de putas desde siempre, por mucho que el párroco diga que no está bien.

¿Por qué dedicar, entonces, a esas alarmas un número de 'L'espresso', si sabemos que el periódico llegará a manos de quien ya está convencido de esos riesgos de la democracia, pero en cambio no lo leerá quien está dispuesto a aceptarlos con tal de que no le falte su ración de Gran Hermano – y de muchos casos político-sexuales en el fondo sabe bien poco; porque una información, en gran parte sometida a control, ni siquiera se lo cuenta?

A ver ¿por qué hacerlo? El porqué es muy sencillo. En 1931 el fascismo impuso a los profesores universitarios, que entonces eran 1.200, un juramento de fidelidad al régimen. Sólo se negaron 12 (el 1 por ciento), que perdieron su puesto. Hay quien dice que 14, pero eso no hace más que confirmar hasta qué punto pasó el hecho desapercibido entonces, dejando un recuerdo un tanto vago. Muchos otros, que luego serían personajes eminentes del antifascismo posbélico, incluso aconsejados por Palmiro Togliatti o Benedetto Croce, juraron, para poder seguir difundiendo sus enseñanzas. Puede que los 1.188 que permanecieron tuvieran razón, por distintas razones y todas ellas honorables. Pero los 12 que dijeron que no salvaron el honor de la Universidad y, en definitiva, el honor del país.

Esa es la razón de que a veces haya que decir que no, aunque se sea pesimista y se sepa que no servirá para nada.

Por lo menos que pueda uno decir un día que lo dijo.


Fuente: L'Espresso, 9 de julio de 2009
http://espresso.repubblica.it/dettaglio/il-nemico-della-stampa/2104060&ref=hpsp
 

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martes 14 xullo 2009











ván Lira

ELOGIO DE LA LOCURA

martes 14 xullo 2009

 
JESÚS VILLAR El 12 de julio de 1536 moría Erasmo de Rótterdam. Había nacido el 27 ó 28 de octubre de 1469 y quedó huérfano de padre y madre a los 16 años por culpa de la peste. Maestro del pensamiento libre para su tiempo y para hoy, fue el humanista más ilustre de Europa. Precursor del espíritu moderno, Erasmo fue un extraordinario erudito, hablaba varios idiomas y era una persona solitaria, melancólica e irónica. Defensor y amigo de la verdad donde quiera que estuviera, fuera antigua (mal llamada tradición) o nueva (que ahora llaman progreso), tenía muy claro que lo viejo se apoya en lo nuevo. Como decía Ortega y Gasset, no hay tradición sin progreso pero tampoco hay progreso sin tradición. Recogió la tradición de los siglos pasados, sobre todo de Grecia y Roma, y por eso Erasmo dominaba y citaba constantemente las doctrinas, ideas y opiniones de los antiguos árabes, judíos y griegos, muy al contrario de lo que se hace hoy, donde la ciudadanía y los intelectuales viven en el abismo de la ignorancia del pasado. Con Erasmo acaba la Edad Media y comienza el Renacimiento.


Erasmo es un desconocido entre los jóvenes y eruditos de hoy, hasta el punto que quienes mejor conocen su obra creen que todo lo que se encuentra en las obras de Descartes, Spinoza, Kant, Nietzsche y otros filósofos y pensadores a partir del siglo XVI es completamente falso. El Elogio de la Locura (titulado originalmente Morias Enkomion en griego y Stultitiae Laus en latín, literalmente Elogio de la estulticia o de la necedad), es un ensayo que Erasmo escribió en 1509 a los 42 años cuando iba de Roma a Inglaterra. Lo redactó en latín y lo acabó en una semana durante su estancia en la casa de su amigo Tomás Moro, a quien le dedicó la obra. Desde su primera edición en 1511 en Estrasburgo, es considerada una de las obras más influyentes de la literatura occidental. Erasmo compartía con Tomás Moro (además de su fe cristiana), el gusto por el humor frío y el retruécano intelectual, lo que explica que en el texto abunden dobles e incluso triples significados. El valor eterno del libro reside en el concepto de que "la locura es sabiduría y la sabiduría locura". Nunca se aprende tanto como cuando se enseña lo ridículo.


Aunque la primera vez que se publicó en español fue con el título de Elogio de la Locura, son muchos los traductores que prefieren el término "necedad" o estulticia al de locura. El concepto de locura es más restringido y no puede aplicarse en todas las páginas del libro. Erasmo distingue claramente en los capítulos 37 y 38 la locura de la necedad o estulticia. El libro es un tratado de humanismo, un manual de sensatez y sobre todo una cruel lección de moral práctica. Comienza con una loa satírica a la manera de algunos autores de la antigua Grecia. El tono se va ensombreciendo con una serie de discursos solemnes, en los que la necedad hace un elogio de la ceguera y la demencia y poco a poco la locura toma la voz de Erasmo mientras lanza una dura reprobación. La locura (necedad) se presenta como una diosa, hija de la ebriedad y de la ignorancia. El ensayo termina con una sincera y sencilla exposición de los ideales humanistas.


A Erasmo le debemos frases de una enorme sabiduría. Retrató como nadie a los necios que desean pasar por sabios, cuando dice en uno de sus capítulos del Elogio que "una sonrisa, un aplauso, un movimiento de orejas a manera de asno serán suficientes para hacer creer a los demás que él se halla al tanto de lo que se trata, pese a que en el fondo no entienda cosa alguna". Pero también contribuyó a la conservación de más de 4.000 proverbios que rescató de la tradición griega, romana, árabe y judía y se siguen utilizando hoy en día: "En el país de los ciegos el tuerto es el rey", "Tiene un pie en la tumba", "No dejó piedra sin mover", "Empezar de cero", "Más fácil decirlo que hacerlo", "Más vale prevenir que curar", "Tener ojos en la nuca", "Lágrimas de cocodrilo", "Caérsele el corazón a los pies", "El pasto siempre es más verde en el campo ajeno", "Ven la paja en el ojo ajeno y no ven la viga en el propio".


Erasmo situaba el nacimiento de la locura en las Islas Afortunadas (capítulo 8), en donde todo crece espontáneamente y no se conocen ni el trabajo, ni la vejez, ni la enfermedad. Qué desilusión se llevaría hoy Erasmo si visitara esas islas. Descubriría que no pueden ser tan Afortunadas unas islas en las que la locura convive con el narcisismo, la adulación, el olvido, la pereza, la irreflexión, la intemperancia y el sueño profundo, y en las que no faltan dirigentes que han perdido el sentido: no hay ninguno que no delire de muchas maneras y los que se parecen se juntan (capítulo 19). Son de los que piensan que las cosas grandes con intentarlas basta. Han pasado 500 años y seguimos sorprendiéndonos que algunos aduladores, bufones, ignorantes, plagiadores, parásitos, alcahuetes, truhanes y petardistas puedan ser nombrados o elegidos para realizar magnas empresas. Luego culpan a la brevedad de la vida por su labor estéril. Graciosísimo es ver cómo se alaban recíprocamente los locos a los locos y los ignorantes a los ignorantes. Parece una banalidad, pero sin que me tachen de loco, juro que he podido ver cómo una misma persona puede estar a la vez en distintos lugares. Tampoco he entendido nunca cómo puede tener la llave de la ciencia quien no tiene ciencia (capítulo 53). Será porque aquello de lo que se carece es lo que más conviene aparentar. Va a ser verdad lo que dice Erasmo: "el mundo está lleno de locos" (capítulo 62). Buen día y hasta luego.