Activistas, clérigos y mojigatos

martes 27 outubro 2009

Público

Una democracia clerical se corresponde con un pueblo que no es dueño de su destino. No es soberano para decidir su bandera, menos aún su modelo de (de)crecimiento económico. Y si la ciudadanía interviene en estos asuntos, más allá del rito electoral, resulta una amenaza antisistema. Impugna los designios de las élites que, a diestra o siniestra, actúan como órdenes clericales: uniformes y uniformadas, en defensa del credo y el jerarca, más beligerantes con la heterodoxia propia que con la ajena. El debate público así forjado no pivota sobre la veracidad y la coherencia argumentales. Se zanja invisibilizando y criminalizando al hereje. Es el destino de las fuerzas sociales más transformadoras: sin representación política, estigmatizadas en los medios. Y es la trampa de la izquierda partidaria: sin músculo para la movilización, a rastras del discurso conservador.

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RODA DE PRENSA

martes 27 outubro 2009