Ancares, la montaña gallega

sabado 11 outubro 2008

 La Sierra de Os Ancares, auténtico parque natural en los límites de las provincias de Lugo y León, se extiende desde el Miravalles, en el límite con Asturias, hasta el Puerto de Piedrafita, la entrada en Galicia por la Nacional VI. Sólo son 27 kilómetros a vuelo de pájaro, pero la distancia por carretera de Becerreá a Piornedo es de 52 kilómetros. Sobre esta línea natural se alzan los montes de Cuiña (1987 metros), Miravalles (1969 metros), Mustellar (1924 metros), Pico Lanza (1876 metros), Penalonga (1870 metros), Corno Maldito (1848 metros), Penarrubia (1821 metros) y Tres Obispos (1792 metros), las crestas más elevadas de la Sierra.

 

Para llegar, hay que  tomar como punto de partida Becerreá, en la Nacional VI, a 42 km. de Lugo. Desde allí se coge la carretera hasta Navia y a los 10 kilómetros una desviación a San Román de Cervantes. En el camino a Degrada se cruza la carretera más alta de Galicia, con toda una serie de montañas de cotas superiores a los 1.400 metros.
 

A 2 km. de Degrada está el albergue de Os Ancares, cercano a la Campa Tres Obispos, donde, según la leyenda, se reunían los obispos de Astorga, Lugo y León, y de ahí su nombre. Siguiendo hacia Piornedo, a 2 km., se encuentra el camino que lleva a la Campa de Barreiro, donde el tercer domingo de julio desde 1961 se celebra la fiesta montera de Ancares, a la que acuden montañeros y vecinos los pueblos cercanos. También allí está A Fonte dos Namorados en la que, dice la tradición, es necesario beber agua tres veces si uno busca enamorarse.

Por encima de los 1550 metros las montañas están cubiertas por pastizales. En las partes más altas hay hayedos, abedules y serbales, que con sus rojos frutos contribuyen a la alimentación de pequeñas aves. Los bosques suelen estar formados por acebos, uces, tejos y arándanos, de  cuyos frutos fabrican la gente del lugar un potente aguardiente. Las laderas están ocupadas por bosques de robles y castaños. Más abajo, en los valles, predominan los avellanos, fresnos, álamos, sauces y castaños, de donde provenía hasta hace poco una buena parte de la dieta de los animales y personas del lugar: la castaña.

 Tal vez el árbol más característico sea el piornal, que da su nombre al pueblo más representativo de la zona, Piornedo, poblado en el que se conservan algunas pallozas. Las pallozas son las antiguas construcciones de planta circular, con muros de piedra de metro y medio, en los que convivían las familias, los animales y las cosechas. Sobre los muros se apoya un enorme tejado cónico hecho con paja de los piornales. El sorprendente cubrimiento de paja dura veinte o treinta años y son obra de los tejadores, que tienen un especial don para hacerlas completamente impermeables. Su semejanza con las antiguas construcciones de los castros permiten asegurar que la palloza es una pervivencia de las viejas cabañas celtas.  

Aún hace dos años la última familia compartía techo con los animales en una de estas pallozas, hasta que la Xunta les construyó una vivienda en las inmediaciones. Hoy, por veinte duros se puede ver alguna de estas pallozas, siempre que sus dueños no estén muy ocupados con las labores del campo. Vale la pena detenerse en la aldea, con sus callejuelas empinadas, sus típicos hórreos y los milenarios tejos que la rodean.

Los Ancares tienen también importancia por su fauna, con algunas especies en peligro de extinción. El esquivo urogallo, el más amenazado y del que está prohibida su caza desde 1971, tiene allí la mayor colonia del norte cantábrico. El lobo, el zorro, el corzo, la marta, la garduña, la gineta o el ciervo conviven con varias clases de roedores. Todavía es frecuente encontrarse con nutrias y hurones en los arroyos. Entre las aves aún se pueden ver milanos, azores, gavilanes, agiluchos, perdices, mochuelos y lechuzas y gran cantidad de pequeños pajarillos, como petirrojos y herrerillos.

El único monumento verdaderamente importante del lugar es el Castillo de Doiras, hoy propiedad particular, por lo que es casi imposible visitar, aunque durante el día se dedica a escuela-taller. En los alrededores aún se recuerda la leyenda de la mujer-ciervo: después de desaparecer una muchacha, la dieron por muerta. Estando de caza un día, su hermano mató una cierva y le cortó las patas delanteras como trofeo. Al llegar al castillo, donde vivía, vació el saco y apareció una mano de mujer ensangrentada. En un dedo llevaba el anillo de su hermana. De vuelta al monte en lugar de la cierva encontró su cadáver. Una hada la había convertido en cierva.  

Tal vez el dato que más llame la atención es la poca atención que al Parque se le presta desde los poderes públicos. Por difícil que parezca, hasta ahora sólo recibió oficialmente la categoría de Reserva Nacional de Caza Mayor en 1964. También fue declarado lugar pintoresco en 1972, pero eso es, a todas luces, insuficiente. ¿Hasta cuándo?
Esto está escrito en ULTRASONICA  Por Javier Valiño en el año 1997. Entonces ya se reclamaba la zona de Ancares como Parque Natural y hoy la MAYORÍA de las gentes de los ANCARES nos seguimos preguntando ¿HASTA CUANDO?






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