Curas pederastas e Iglesia

martes 23 marzo 2010

Es hoy portada, pero se conocía bien en los medios eclesiales y así puedo certificarlo. Pasé mi adolescencia-juventud en un seminario y sé lo que había; el ambiente era bueno, y los formadores, de mucha honestidad, pero el contexto de reclusión sexual masiva resultaba morboso, con “iniciaciones” poco naturales que podían lindar en lo enfermizo, aunque entonces (¡hace cincuenta años!) parecían naturales.
He sido por más de 30 años (de 1970 a 2003), formador y profesor de seminaristas y conozco los problemas vinculados a la maduración de adolescentes y jóvenes. Había casos de pederastia, pero no los denunciábamos abiertamente, por respeto y miedo sacral, pensando que la ropa sucia se limpia en casa.
Pero sólo más tarde (leyendo a D. Cozzens, The Changing Face of the Priesthood, Collegeville, 2000) descubrí toda la importancia jurídica y social del tema, y concluí que era necesario un cambio fuerte; sobre todo, mucha transparencia. Entonces (al menos en EEUU) se sabía y se decía todo lo que hoy sale en la prensa, pero los responsables de la Iglesia mantuvieron (¿mantuvimos?) silencio. Poco después abandoné la institución clerical.
Algunas acusaciones actuales (violación en seminarios, pederastia clerical…) son quizá sesgadas, dando la impresión de que todos los clérigos han sido y son “violadores” de niños. Pero, desgraciadamente, muchas son ciertas, no sólo en EEUU, Irlanda y Alemania, sino en otros países donde la Iglesia ha sido autoridad social y moral sobre las conciencias.
Cierta prensa oficial (Alfa y Omega, 18-III-2010) señala que, de las 200.000 mil denuncias de abuso a menores interpuestas de 1995 hasta hoy en Alemania, sólo 94 son contra eclesiásticos; en Austria habría 510 denuncias y sólo 17 eclesiásticos. Algo semejante podría decirse de España, donde yo mismo conozco más casos de pederastia fuera de la Iglesia (incluso en contextos familiares) que dentro de ella.
El gran problema no son los curas pederastas, sino las redes internacionales de turismo sexual y trata de menores, con cientos de miles de casos y miles de muertes que tienden a silenciarse. Por eso, las noticias de curas pederastas pueden estar hinchadas. Pero son importantes, por el carácter sagrado de los curas y por la autoridad moral de la Iglesia, de forma que los 94 casos de eclesiásticos alemanes son quizá más significativos que los 200.000 restantes (si el dato fuera fiable). Por eso resulta obsceno afirmar que esas acusaciones contra la iglesia son mentira, una forma de olvidarse de Dios, como ha manifestado a la prensa el cardenal Cañizares (18-III-10).
La Iglesia no pierde su evangelio por esos curas pederastas. Pero el hecho de que existan (y que surjan del sistema) exige un cambio radical.
La pederastia no nace del celibato, pues la mayoría de pederastas no son célibes, y la mayoría de célibes no son pederastas. Pero el celibato actual (vinculado al poder y a un trato especial con adolescentes) puede conducir a la pedofilia. No todo se arregla aboliendo el celibato, pero su imposición actual es peligrosa.
La pederastia no deriva de la homosexualidad del clero (datos en D. Cozzens), y la mayoría de curas homosexuales son ejemplares (la “caza” que el Vaticano quiere imponer en los seminarios es poco honesta). Lo inaceptable es confiar a abusadores la formación de adolescentes.
Antes, esas cosas se callaban, por diversas presiones; hoy se dicen, y eso es bueno. Pero la Iglesia ha querido seguir tapándolas por corporativismo sacral y miedo a perder poder. Por eso son necesarios unos cambios.
La existencia de curas violadores es una noticia horrible. Pero saber que los hay, y decirlo, es una noticia muy buena para la Iglesia. Sería mejor que no los hubiera, pero los hay y eso exige que las cosas cambien. He aquí algunas sugerencias:
–Trasparencia. No deben airearse de manera precipitada casos y temas, pues justicia y verdad exigen prudencia, pero la Iglesia, si tapa a sus pederastas, deja de ser Iglesia y se aparta de su fundador.
–Otras estructuras. Su organigrama actual impide que la Iglesia supere este reto. No es que el Papa sea encubridor y responsable, sino algo más profundo, y es que este tipo de papado y de estructura clerical es incapaz de resolver el problema.
–Hoy puede cambiarse, y debe hacerse ya, la forma de los ministerios. Sería una buena noticia para los que creemos en el evangelio y somos Iglesia. No se trata de negar a obispos (y papa), sino de devolver la Iglesia a todos los cristianos. Porque el tema no consiste sólo en apartar a los pederastas de ella, sino en crear comunidades donde los niños puedan crecer en libertad y amor. Y aquí es importante una voz de evangelio.

Xavier Picaza es teólogo. Autor de ‘Sistema, libertad, iglesia. Las instituciones del Nuevo Testamento’

FUENTE: http://blogs.publico.es/dominiopublico/1911/curas-pederastas-e-iglesia/






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