De la Semana Santa, las fiestas del poder y las fiestas prohibidas

domingo 04 abril 2010

Este libro sigue las estaciones del año, el ciclo de la vida y las fiestas que tradicionalmente se han asociado con ellas, tanto aquellas organizadas a mayor gloria de la jerarquía eclesiástica o de la nobleza como las fiestas espontáneas de lo que alguna vez se llamó “el pueblo”. Aprovechando que se acercan las celebraciones de Semana Santa, hablamos con Brisset sobre lo sagrado y lo profano y la historia de las fiestas, que, como él dice, es la historia de su prohibición.

¿Cuándo surgen las fiestas de Semana Santa?
Son celebraciones que han ido evolucionando y transformándose con el tiempo. La Semana Santa, de hecho, es la celebración de la primavera, es la irrupción de esta estación con lo que conlleva de buen tiempo y desarrollo de los cultivos. La fertilidad se anuncia en la naturaleza e incita a tener disfrutes sensoriales de todo tipo. Era el comienzo del ciclo anual y se celebraba con grandes alegrías. Lo que pasa es que en las sociedades estatales, sobre todo en Asia media, se atribuyó a una divinidad que encarnaba el ciclo vital, de forma que esa divinidad muere y resucita estos días. Cuando muere es el final del invierno, y unos días más tarde vuelve a la vida, lo cual es estrictamente la renovación primaveral.

Este tipo de creencias de este ciclo de muerte y resurrección vital, relacionadas con ciertas divinidades como Tammuz, Marduk u Osiris, son las que luego fueron reinterpretadas por la religión judeocristiana, atribuyéndose al Hijo de Dios esa muerte y resurrección.

Entonces se mantiene en el fondo la misma relevancia significativa, pero con unos personajes, una forma, una narración diferente. En el caso del cristianismo, que es el que afecta a nuestra cultura, a partir de los Reyes Católicos es cuando empiezan a extenderse las procesiones más penitenciales. Esta vertiente pasional o penitencial, que de hecho tenía su lugar en antiguos cultos de los Estados asiáticos de la Antigüedad, es la que está impregnando ahora la imaginería de las procesiones, pero a un nivel en general sólo formal, de aspecto. Aunque quedan algunas localidades en las que la gente sigue haciendo penitencia: los picados de la Sonsierra, los empalados de la Vera…, ya es, en un nivel muy residual, porque en general entre los cofrades hay cada vez más niños y mujeres, y cada vez hay una vertiente más acentuada de atracción turística.

Destacas en el libro que a partir de la democracia ha aumentado mucho el número de cofradías, especialmente en Andalucía. También dices que con las cofradías se escenifica una representación de la jerarquía de ciudades y pueblos.

Éste es un fenómeno de las últimas décadas: por un lado hay mayor profanidad en las fiestas, nuevas celebraciones o algunas antiguas que van perdiendo su vertiente religiosa, se van haciendo más profanas, más laicas, desgajadas del control eclesiástico y, al mismo tiempo, hay un aumento de los cofrades, de actividades semilitúrgicas, como los rosarios de la aurora, que estaban casi desaparecidos y en los últimos años han vuelto a ponerse de moda. Las cofradías rocieras también han aumentado mucho, lo que ha convertido esta romería en la más masiva del Estado español (más de un millón de asistentes). Estas cofradías se están multiplicando de manera paralela a la tendencia a lo profano. Una posible interpretación es que los partidos políticos han perdido su capacidad de atracción y hay sectores más conservadores que buscan su intervención en la vida pública a través de estas agrupaciones semirreligiosas, que les aportan relevancia, presencia mediática, en las que se crean lazos de afinidad, se fortalecen grupos de presión…

También influye lo que llamas la lujuria sensorial de estas procesiones...

Es un hecho esta tendencia a la espectacularización de muchos de los rituales festivos, buscando atraer a la población y a los forasteros con la música, con el colorido, con nuevos decorados y vestuarios de las imágenes, con el despliegue floral, el derroche de la pólvora, que son apelaciones sensoriales, que nos aportan intensidad emocional y que, en gran parte, explican el éxito de estas celebraciones rituales, porque son, digamos, globales. También cuentan con cierta intervención autónoma: en las grandes procesiones de Semana Santa, el espectador se está desplazando de un sitio a otro, no está en un lugar fijo; aunque existan las carreras oficiales con su silla, la mayoría busca los sitios donde hay un entorno más bello, valoran la estética de las poblaciones; el paso aporta la emoción musical, los olores, cierta teatralidad de la propia narración, de las propias figuras… Tienen una fuerza dramática que puede interesar a cualquiera, sea o no creyente. Hay una constante apelación multisensorial, que, en el caso de la primavera, es muy clara, porque se suma a que nuestro organismo está deseando este disfrute.

¿Cómo se ha producido el arrinconamiento de fiestas profanas como el carnaval en beneficio de otras como semana santa, en las que el control es más aplicable por el poder?

Para la humanidad tener ocasiones de celebraciones de fiestas es una constante en todas las culturas. Llega un momento en el que el lugar de reunión, la casa de las fiestas, se la apropió la casta sacerdotal e impuso sus dogmas, sus impuestos y su control. Buscar la historia de las fiestas es encontrar la historia de sus prohibiciones: una serie de ordenamientos para prohibirlas, regularlas, de forma que el pueblo apenas podía celebrar nada que no estuviera bajo el imperio del Estado y de la Iglesia. La gente, actualmente, tiene ya otras opciones para divertirse y, de hecho, surgen nuevas fiestas profanas desvinculadas de cualquier iglesia y gobierno, a veces para recordar un pasado comunitario. Por ejemplo, en Galicia se están dando muchas celebraciones para recordar a los antiguos galaicos. Se hacen ofrendas a diosas de la vegetación, diosas del amor y del erotismo, con bailes colectivos, banquetes y música. También hay nuevas fiestas primaverales, como el Dragonfest en la Alpujarra, a la que vienen hippies de muchos sitios; los macrobotellones de los estudiantes… Son otro tipo de reuniones, en las que están los elementos básicos de diversión, pero al margen de las antiguas formas festivas, y que se acercarían a lo que fue el inicio: la simple alegría de reunirse y de pasarlo bien en común. Hay una autoorganización para esas fiestas, en las que se comparten los gastos y las tareas, gente que se encarga de la preparación y la gestión, etc. Son formas de organización más libres, comunitarias, no rígidas. Esto, después del Franquismo, se ve con las casetas en las ferias a cargo de partidos políticos, agrupaciones, movimientos sociales, etc. Otra modalidad son las fiestas en locales en centros okupados.

A pesar de estas tentativas de control, ¿crees que se va a mantener la rebeldía festiva, esa libertad de que disfrutamos durante estas celebraciones?

Hasta ahora se ha demostrado que, a pesar de todas las represiones y prohibiciones, los poderes no han conseguido extirpar el ansia de disfrute en todos los niveles, también en el erótico. Esto es porque la gente ha luchado por mantener su derecho de diversión, y esta forma de rebelarse creo que seguirá. Lo que pasa es que ahora tenemos también la vida virtual. No está claro hasta qué punto va a influir el que los contactos sean a distancia, las fiestas sean en recintos cerrados, sucedáneos de fiesta. Desde luego al poder le interesa que la gente esté quieta en su casa. Y que jueguen con Internet para que no incordien en la calle.

Las fiestas del mañana

“Es un hecho que se puede convocar a la gente para cualquier reunión en muy poco tiempo y con gran repercusión. El asunto es que los poderes están muy atentos a que no se les escape el control de la calle y cada vez van a reaccionar con más rapidez y violencia contra los que no cumplan con las normas que se imponen para las reuniones.

Mantener un ente sagrado como ‘el orden público’ implica que no se deja reunirse a la gente donde y cuando quiere sin pasar por el filtro de las autorizaciones. Entonces, hay una doble dinámica porque es más fácil reunirse, pero también hay mucho más control para estas reuniones. De hecho, estamos viéndolo en el tema de los botellones urbanos. La evolución la veo en esta línea de búsqueda en el pasado colectivo de elementos de orgullo no vinculados a la religión.

Otro modelo de transformación son las fiestas de los emigrantes que vienen a España. En la fiesta del 12 de octubre, por ejemplo, desde hace tres años, comenzaron a salir a la calle emigrantes de distintos países con sus trajes folclóricos, con su música autóctona, etc. En sólo tres años han ganado tal fuerza que ahora mismo es una fiesta más importante que el desfile de las Fuerzas Armadas. Un aspecto que tener en cuenta es que cualquier celebración atrae a la gente y nos da igual celebrar el año nuevo chino bailando detrás de los dragones, participar en las fiestas de percusión de los senegaleses o que sean los diablos andinos los que nos pongan a bailar. La gente con ganas de divertirse se integra en cualquier festejo”.

Fuente: https://www.diagonalperiodico.net/De-la-Semana-Santa-las-fiestas-del.html

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=103482






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