Elecciones regionales en Italia-Para que la votación fuera limpia tendría que intervenir la ONU

mércores 24 marzo 2010

Lo que en otros estados sería considerado tóxico es en Italia comida diaria: de los pequeños municipios a la gestión provincial y regional, no hay lugar donde la corrupción no se considere algo obvio. La injusticia tiene ya un sabor que no nos disgusta, no nos asquea, no produce molestias de estómago o de orgullo. Pero, ¿cómo ha podido suceder esto?

La duda misma de que todo esfuerzo es inútil, de que emitir el voto y con ello la opinión personal es inútil, quita fuerza a las personas honradas. Ahoga, estrangula y entierra la ley. La ley que establece las reglas de la vida civil, pero también la ley que lo trasciende: el derecho a la felicidad.

El significado de “todo es inútil” anula la esperanza en el futuro, y cada vez hay más gente que abandona su tierra para irse a vivir en el Norte o en otro país, lejos de esta vergüenza.

No voy a rendirme ante esta Italia, una Italia que obliga a sus jóvenes a salir de la vergüenza y la desesperanza. No quiero vivir en un país en el que se debería pedir a la OSCE, las Naciones Unidas, la Comunidad Europea que enviasen observadores a los territorios más difíciles durante las últimas fases de la campaña electoral para garantizar el buen desarrollo de la votación en todas sus fases. Sería preciso realizar una verificación que aquí ya no se es capaz de ejercer.

Lo que podemos apreciar a simple vista, son los bruscos cambios de sentido, los cambios de chaqueta, los casos escandalosos en los, que para devolver la dignidad a los asuntos públicos, un político tal vez debería retirarse, aunque con arreglo a la ley pueda permanecer donde está. Pero no conseguimos ejercer un control que obligue a la política italiana a mirarse de verdad en el espejo, porque el espejo que utilizamos sólo refleja las capas más superficiales de la realidad.

Nos indignan políticos como la imputada Sandra Lonardo Mastella, que, desde el exilio, se recicla para apoyar esta vez no al candidato a gobernador por el Partito Democratico (PD) en la región de Campania, sino al del Popolo de la Libertà (PDL), Stefano Caldoro. O como Fiorella Bilancio, que llenó Nápoles de pasquines del PDL y que en el último momento fue borrada de la lista del partido y aceptó figurar en la lista de la Unione dei Democratici Cristiani e di Centro (UDC). Así, en sus programas figura el símbolo de un partido, pero ella es candidata por otro.

Nos indigna la historia de ex director regional de los Verdi e la Margherita, Roberto Conte, que se presenta de nuevo como candidato a pesar de la condena en primera instancia a dos años y ocho meses por asociación con la Camorra, esta vez en el PDL. Estamos indignados porque el subsecretario de Economía, Nicola Cosentino, sobre el que pende una orden de detención, mantiene su posición sin pensar en dejar su cargo de subsecretario y coordinador regional del PDL.

Nos indigna que sea posible que un senador pueda ser elegido por la circunscripción del extranjero con los votos de la 'Ndrangheta, como sucedió con Nicola Di Girolamo, implicado también, según la fiscalía, en la megaestafa Fastweb. Nos indigna, por último, que al crimen organizado se le permita gestionar locales de lujo en el corazón de nuestra capital, como el Café de París, en la Vía Veneto. Y escuchamos boquiabiertos a la comisión parlamentaria antimafia que declara, en relación con estas últimas elecciones, que hay algunos políticos en las listas de centroizquierda a los que habría que llamar la atención.

Y hasta ahora, el centroizquierda no ha dado respuesta. Se trata de Ottavio Bruni, candidato del Partito Democratico (PD) en Vibo Valentia, cuya hija fue encontrada en casa con un prófugo de la 'Ndrangheta. Se trata de Nicola Adamo candidato por el PD en Cosentino, citado ante el tribunal por el asunto Why not. De Diego Tommasi candidato PD también en Cosentino, que forma parte de la investigación de las turbinas de viento. De Luciano Racco, candidato por el PD de Reggio Calabria, que no es está siendo investigado, pero cuyo nombre aparece en las escuchas del boss Tomaso Costa, de Siderno. Éste, según los investigadores, habría proporcionado apoyo electoral a Luciano Racco con ocasión de las elecciones europeas de 2004 en la lista Socialisti Uniti de este municipio meridional. Todas las escuchas forman parte del proceso Lettera Morta contra el clan de los Costa, y del de la muerte del joven comerciante de Siderno Gianluca Congiusta.

Es imposible permanecer indiferentes a todo esto, y estamos indignados porque hacemos valoraciones que van más allá de la ley –o vienen antes de ésta–, valoraciones relacionadas con la oportunidad política y la posibilidad de votar a favor de profesionales que no cambien de chaqueta en función de quién está en la mayoría y quién en la oposición. Transformarse, reciclarse, seguir en el puesto: la vieja práctica de la política italiana no es simplemente una aberración. Actualmente, se considera ya un hábito, una especie de vicio, una posibilidad con la que cada votante tiene que contar, en la esperanza de estar equivocado, en la esperanza de que esta vez no ocurra. Es una traición que casi se perdona con un encogimiento de hombros, como la de un marido demasiado descuidado hallado entre las sábanas de otra mujer.

Pero, ¿podemos trocar nuestros sueños y expectativas por la ligereza y el cinismo de otros? De hecho, se parte del supuesto de que la política no tiene un camino, no tiene ideas y proyectos. Sin embargo, la gente sigue esperando otra cosa, sigue pidiendo otra cosa.

¿Dónde está el orgullo de la misión política?, ¿la responsabilidad de hablar en nombre de un electorado?, ¿dónde, la conciencia de que las palabras y las promesas son responsabilidades que asumimos?, ¿ y la idea de que un partido, un grupo político, sin una línea clara, no es nada? Sin embargo, precisamente en esto se ha convertido, en la mayoría de los casos, la política italiana: nada, alfileres de colores para fijar las solapas del traje cruzado. Sin otra credibilidad. Recipientes vacíos que han de llenarse con palabras, y a veces ni siquiera esto. A veces, incluso se vuelven incapaces de utilizar las palabras.

Cuando la política se convierte en esto, las mafias ya han ganado. Porque nadie más que éstas pueden ofrecer seguridad, la seguridad de un empleo, un salario, un alojamiento. Certezas que se pagan, por supuesto, con la obediencia al clan. Es terrible, pero se trata de lidiar con quien te paga la mensualidad, el abogado. No es momento de moralizar, no importa si uno tiene las manos sucias.

Sólo cuando el poder político deje de parecerse a la mafia –menos cruel, sí; pero menos fuerte y sólido– sólo cuando deje de ser identificado con favores, comercio, compra de votos, trueque de la moral, sólo entonces será posible dar una alternativa real y ganadora. Incluso en los lugares dominados por las mafias puede haber una alternativa. Lo son ya los comerciantes que no se doblegan, los que resisten cada día.

Además, lo que por encima de todo debemos entender es que las mafias son un problema internacional, y debe ser a escala internacional que debe hacérseles frente. Italia no puede hacerlo solo. Las organizaciones criminales están cambiando las estructuras políticas de los países de todo el mundo. En EE.UU. se considera que los cárteles italianos están entre las primeras causas de degradación del libre mercado mundial. A sabiendas de que México ya se ha convertido en una narcodemocracia, nuestro país corre el riesgo de ser, si no lo es ya, una democracia mafiosa.

Aquí, sin embargo, todavía hay quien cree que la crisis es sólo un problema ligado al trabajo, a una desaceleración de la oferta y la demanda. Hay todavía quien realmente no entiende que la crisis es buscar alternativas a la economía criminal. Y no basta con la militarización del territorio. No es suficiente la confiscación de la propiedad. Debemos frenar la corrupción, la colusión, la trastienda. Debemos poner fin al chantaje político, y, como con un cáncer, buscar por todas partes su metástasis.

Sería triste que los ciudadanos, los votantes italianos, debieran dirigirse a las Naciones Unidas, la Unión Europea o la OSCE para ver garantizado un derecho que todas las democracias occidentales deberían considerar normal: la limpieza y la regularidad de las elecciones.

Debería ser normal saber, en este país, que el voto no es inútil, que el voto no se regala por 50 euros, por un curso de formación o por el pago de algunas facturas. Que la política no es sólo un intercambio de favores, una astucia para conseguir algo que, sin pagar al poder, sería imposible lograr. Que quedarse en Italia, vivir y participar es necesario. Que la felicidad no es un sueño de infancia, sino un horizonte de ley.

© 2010 Roberto Saviano / Agencia Santachiara

Roberto Saviano (Nápoles, 1979), periodista y escritor italiano. En sus escritos usa el reportaje y la literatura para contar la realidad económica y territorial de la criminalidad organizada del sur de Italia. En 2006, publica Gomorra, con gran éxito, en el que describe los negocios de la Camorra.

S. Seguí es miembro de Rebelión y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística.

Fuente: http://www.repubblica.it/politica/2010/03/20/news/per_un_voto_onesto_servirebbe_l_onu-2777263/

FUENTE: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=102826






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