Fabra, en estado puro, desprecia y llama "hijo de puta" al líder de la oposición en su Diputación

mércores 27 agosto 2008



 

El ambiente recuerda a aquellas escenas políticas del franquismo. Unas instituciones legales manejadas a su antojo por los autócratas. No es fácil hacerle frente a Carlos Fabra, uno de los principales cimientos de la Comunidad Valenciana. La que viera nacer políticamente a Zaplana y la región a la que peregrinó Rajoy para ponerse a salvo de Esperanza Aguirre de cara a su triunfal Congreso en junio.

Sin miedo
Pero Francesc Colomer, líder de la oposición socialista en la Diputación de Castellón, no se arredra. No teme a Fabra pero sabe de la dificultad de la tarea: a pesar de las burlas de la guardia pretoriana del cacique, Colomer sigue hablando de "tirar de la manta" y enumera al político popular una serie de presuntos delitos que no termina. Fabra replica furioso, pero de su respuesta solo vale una reivindicación de la presunción de inocencia. Y es que no hay jueces para juzgar a Fabra.

Un balón de oxígeno
En el turno de preguntas, el líder castellonense muestra su verdadero talante. Las burlas son continuas y Colomer es ignorado. El final del pleno registra la anécdota por la que este ambiente va a ser conocido por muchos. Fabra olvida que el micrófono está encendido y muestra cierta debilidad: "Qué hijo de puta". Un favor para los periodistas y un balón de oxígeno para el emergente político socialista. La próxima vez, el jefe tendrá más cuidado.  

 






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