luns 21 abril 2008

Dentro de un mes, se cumplirán cinco años de la gran felonía de Madrid: El Tamayazo. Pues bien, ahora después de estar escondido, aparece Tamayo, el artífice del robo político del siglo. El hombre se ha dedicado, "una vez que tuvo que abandonar la política" a los negocios inmobiliarios.
Ya que está de moda hacer ejercicios de ucronía histórica (me refiero al documental de
La Sexta, donde se imaginaba que hubiera pasado de haber triunfado
la República), me gustaría que todos pensáramos que hubiera ocurrido de no haber habido traidores y hubiera gobernado la izquierda, PSOE e IU, como correspondía, durante estos años.
Aquellos dos diputados socialistas de infausto recuerdo, dos tránsfugas, torcieron la voluntad del pueblo de Madrid e hicieron que fuera posible un gobierno de derechas. Auparon a Espe-rancia Aguirre, la condesa responsable de que se estén desmantelando todos los servicios públicos de la comunidad.
Pues bien, ahora, el líder de la operación, el tal Tamayo, empieza a recoger su cosecha. Se ha
aprobado un proyecto que él encabeza para construir treinta y dos chalets en Cabanillas de
la Sierra. Que lo haga Espe-rancia lo entiendo. Que lo haya aprobado también el partido socialista, incomprensible. Y nadie se puede llamar ahora a andana. Jesús Dionisio o el mismo Tomás Gómez tienen que salir a dar explicaciones. Se puede admitir (y mira que es grave) que se haya cometido un error, lo que no es posible, con la trascendencia que tiene este suceso es que nadie diga ni pío. Porque entonces empezará a oler muy mal en Dinamarca.
Se ve que este individuo que cambió gravemente el signo del gobierno de la Comunidad de Madrid, encima se va a hacer de oro a costa de construir en la misma. Vamos, esto si que puede ser el efecto llamada, al que más de uno se apunte. A los traidores ni agua. Sean de donde sean. ¡Explicaciones ya!