¿La decadencia de la Iglesia Católica?

martes 20 abril 2010

Cuando éramos niños nos burlábamos de los estudiantes de escuelas católicas. “Oigan, ¿los sacerdotes les revisaron hoy para ver si tenían hemorroides o hernia?” Los muchachos católicos no reían. Es más, la sabiduría popular reinante nos aseguraba que esas burlas contenían elementos básicos de verdad –aunque no teníamos pruebas-.

Algunos muchachos de escuelas católicas insinuaban que había comportamiento perverso, pero la intimidación de la Iglesia les impedía hablar. Varias generaciones más tarde la historia salio a la luz, cuando miles de muchachos objetos de abuso contaron su historia.

El mal comportamiento sacerdotal fue más allá de Estados Unidos. Recientemente han surgido escándalos acerca de sacerdotes irlandeses y alemanes que manoseaban –o peor— a los jóvenes y vulnerables. Al igual que en Estados Unidos, la jerarquía eclesiástica ignoró o encubrió la actividad criminal de sus cuadros desviados. Cardenales y obispos trasladaron rutinariamente a otras parroquias a los sacerdotes acusados, sin importar la evidencia que existía en contra de ellos: a algunos se les envió a clases de rehabilitación religiosa, de las cuales salieron para ir a nuevas parroquias para reanudar su contacto íntimo con los jóvenes de su rebaño.

Durante decenios los cardenales y el propio Papa, antes y después de su coronación, recibieron informes detallados de esta generalizada aflicción. La Iglesia en EE.UU. pagó compensación a feligreses víctimas de abusos. Pero cuando los medios publicaron los detalles el Vaticano se negó a aceptar la responsabilidad. En su lugar, la élite de la Iglesia trató de tratar el asunto diplomáticamente hasta que los reportes repetidos de los medios lo hizo imposible. ¿Tenían los magnates de la iglesia la obligación de denunciar a los criminales sacerdotes a la policía? Su respuesta, por deducción: es más importante mantener la reputación divina de esta antigua institución que revelar la gran perversidad en sus filas y tomar medias serias para combatir este comportamiento rampante.

El escándalo ha llegado al Papa. Dada la rígida jerarquía de la institución se hace difícil creer que el cardenal alemán Ratzinger, en la actualidad el Papa Benedicto XVI, no haya sabido de pederastas en la Iglesia de Alemania, y también de otros lugares. Los defensores del Pontífice ya no pueden depender del poder de sus palabras como sumos sacerdotes para combatir decenios de mentiras, así como miles de indignadas víctimas.

En lo que pareció un acto de desesperación, el predicador personal del Papa, Padre Raniero Cantalamessa, en un sermón el 2 de abril en la Basílica de San Pedro, comparó los ataques de abuso sexual contra la Iglesia y el Papa con la “violencia colectiva” contra los judíos. Este comentario provino de una “Iglesia que durante siglos rezó por la conversión de los judíos, a quienes se consideraba colectivamente responsables de la muerte de Jesús”. (Reuters, 4 de abril de 2010.)

Yo tenía siete años cuando un grupo de muchachos católicos me rodeó y me dio una golpiza. ¿Sus razones? “Tú mataste a nuestro Señor, niño”. El sacerdote de la parroquia local se lo había enseñado.

Entonces, el Vaticano no elimino a los malos sacerdotes ni impidió que el reverendo Lawrence Murphy abusara de 200 niños sordos entre 1950 y 1974. El Vaticano y el cardenal Ratzinger, según The New York Times, recibieron aviso de la pedofilia de Murphy, pero nadie informó a la policía ni fue expulsado de la Iglesia.

El Domingo de Resurrección en el Vaticano, el cardenal Angelo Sodano, rector del Sacro Colegio Cardenalicio, dijo al pontífice: “Santo Padre, de su parte está el pueblo de Dios”. Sodano rechazó las acusaciones de abuso y encubrimiento, calificándolas de “chismes mezquinos”. (“¿Nueva Definición de Sodomía por la Iglesia?”, Frances D’Emilio, AP, 5 de abril de 2010.)

Las actuales revelaciones de abuso sexual y el hecho de que los gobernantes de la iglesia no hayan actuado responsablemente han acabado en manos del Papa –donde deben estar-. La Iglesia Católica está al borde de perder su santa imagen y su credibildad moral.

En Inglaterra, algunos abogados argumentan que el principio de jurisdicción universal permite procesar al Papa. Bajo este concepto, los jueces pueden emitir órdenes de arresto para visitantes acusados de delitos como genocidio, torturas y crímenes contra la humanidad.

¿Pueden considerarse como tales los sistemáticos encubrimientos de abusos por parte de sacerdotes pedófilos? Existe un precedente de 1998. Inglaterra arrestó al ex dictador chileno Augusto Pinochet a solicitud de España por crímenes contra la humanidad. La policía británica mantuvo a Pinochet bajo arresto domiciliario hasta el año 2000, cuando el gobierno lo liberó porque fue declarado física y mentalmente incompetente para ser juzgado.

Tal argumento no calmará a las más de 10.000 personas que han “firmado una petición en el sitio Web de la Calle Downing (residencia del Primer Ministro) en contra de la visita de 4 días del Papa a Inglaterra y Escocia en septiembre”. (AP, Paisley Dodds, 4 de abril de 2010.)

El tradicional ritual del Domingo de Pascua ofreció al Papa la oportunidad de comentar acerca del dolor de decenas de miles de feligreses sodomizados. En vez de hablar de las acusaciones de que él había participado en el traslado de sacerdotes a otras parroquias por
no manchar la reputación de la Iglesia entregándolos a la policía y expulsándolos, Su Santidad culpó a los medios por su “vil” ataque.

¿Habrá comenzado la decadencia de esta poderosa Iglesia?

Saul Landau es miembro del Instituto para Estudios de Políticas. Sus filmes están disponibles en (roundworldproductions.com).

Fuente: http://progreso-semanal.com/4/index.php?option=com_content&view=article&id=2087:ila-decadencia-de-la-iglesia-catolica&catid=3:en-los-estados-unidos&Itemid=4






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